La Rama: Resistencia cultural del Sotavento en el mapa navideño de México
por Sergio Lara
Veracruz, Ver.- En el vasto mosaico de festividades decembrinas que cubren el territorio nacional, la región del Sotavento veracruzano destaca por una tradición que rompe con la hegemonía de las posadas convencionales: “La Rama”. Esta manifestación cultural, única en la República Mexicana, no solo representa un acto festivo, sino un baluarte de identidad regional que, según expertos, enfrenta el reto de preservar su autenticidad frente al paso del tiempo y la modernidad.
De acuerdo con el historiador Ricardo Cañas Montalvo, la naturaleza cronológica de esta tradición es estricta y a menudo malinterpretada por la población general. Aunque es común observar grupos portando la rama desde el 24 de diciembre, el protocolo histórico dicta que la procesión debe iniciar el 25 de diciembre y extenderse hasta el 6 de enero. El objetivo original no es anunciar la Navidad, sino servir como un pretexto social y religioso para extender las celebraciones hasta el Día de Reyes a través de letanías específicas.
La morfología de “La Rama” varía drásticamente según la geografía local, convirtiéndose en un distintivo botánico de cada municipio. Mientras que en Tlacotalpan se utiliza la chalia y en Alvarado se opta por el maguey, en el Puerto de Veracruz predomina la rama de árbol de almendro. Sin embargo, la ornamentación mantiene elementos unificadores: cadenas de papel de china, globos, cáscaras de naranja, velas, escarcha y las imágenes centrales de la Virgen María y el Niño Dios.
Históricamente, la dinámica social de esta tradición en el Sotavento distaba del recorrido callejero actual; se trataba de un compromiso comunitario pactado que detonaba fandangos y muestras gastronómicas al interior de los hogares. Fue hasta principios del siglo XX que la costumbre llegó a la ciudad de Veracruz, adaptándose al entorno urbano y transformándose en un recorrido peatonal acompañado de instrumentos tradicionales como sonajas, panderos, requintos y jaranas.
A nivel nacional, “La Rama” se distingue por ser una de las pocas tradiciones navideñas del Golfo de México que ha logrado exportarse a estados vecinos como Tabasco, Campeche y zonas de Oaxaca, además de tener presencia en la Ciudad de México gracias a la diáspora veracruzana. A diferencia de las pastorelas del centro y norte del país, esta práctica se centra en la versificación musical, manteniendo vigentes los cánticos de “Naranjas y limas, limas y limones”, estrofas que resuenan como himnos de la temporada en el sureste mexicano.
A pesar de ser una herencia transmitida generacionalmente, el historiador Cañas Montalvo reconoce una pérdida gradual en la ejecución ortodoxa del ritual. No obstante, el Puerto de Veracruz se mantiene como el bastión donde se conserva con mayor fidelidad la interacción entre niños, jóvenes y adultos, quienes perpetúan la lírica y el ritmo característico de la región, resistiendo la homogeneización de las fiestas globales.
En la actualidad, el componente económico juega un rol fundamental en la supervivencia de la práctica. Los participantes concluyen sus recorridos con la repartición equitativa del dinero recolectado, un incentivo que, sumado al orgullo identitario, asegura que “La Rama” continúe recorriendo las calles, reafirmando que en el Sotavento la Navidad tiene una sonoridad y una estética que no se replica en ninguna otra latitud de México.




