El mejor Carnaval de México
Salvador Muñoz
Los Políticos
Hay señales inequívocas de que el Carnaval de Veracruz no sólo salió bien, salió de lujo… o dijera Jack Nickolson: Mejor, imposible!
Una de esas señales es que la gente terminó contenta, feliz, con ganas de que no terminara la fiesta de todos. Otra señal (divina, dicen los jarochos jalados) todavía más contundente: el famoso “norte” anunciado se rajó. Amenazó, se infló, hizo ruido… y a la mera hora, se disipó como chisme político mal contado. El Carnaval volvió a sus fechas originales y, como si el calendario hubiera hecho las paces con el clima, el Universo se alineó.
Pero no todo fue suerte ni buena vibra meteorológica de Tláloc. Aquí hubo planeación, decisiones a tiempo y, sobre todo, ganas de que la fiesta saliera bien. Se cumplió el calendario completo, los desfiles fluyeron sin empujones innecesarios, los conciertos reventaron de gente y el ambiente –ése que no se improvisa– regresó: alegre, familiar y sin sobresaltos.
No era percepción selectiva ni optimismo de comparsa; bastaba caminar el bulevar Ávila Camacho para notar que el ánimo era otro. Más sonrisas, menos caras largas. Más baile, menos “a ver a qué hora pasa algo”.
La administración municipal encabezada por Rosa María Hernández Espejo asumió el reto con poco margen de maniobra y recursos apretados –porque el Carnaval no se paga con serpentinas– y contó con el respaldo del Gobierno del Estado.
La presencia y acompañamiento de la gobernadora Rocío Nahle no fue de adorno: envió una señal clara de coordinación institucional. Cuando municipio y estado jalan parejo, la fiesta se disfruta más… y se critica menos.
En el terreno operativo, el trabajo del equipo municipal fue clave. Con Daniel Martín Lois al frente de Turismo y Carnaval, la logística no falló. Se cuidaron esos detalles que antes daban material para la queja fácil: orden en accesos, protocolos de seguridad visibles (pero no invasivos) y supervisión constante.
El Carnaval siguió siendo desmadre, sí, pero desmadre organizado, que es el único que funciona.
Y aquí vale una pausa para el aplauso colectivo. Porque el Carnaval no lo hace un escritorio. Lo hacen quienes estuvieron en la calle: comparsas, bastoneras, integrantes de la Corte Real, conductores de carros alegóricos que –milagro moderno– cumplieron con pruebas de alcoholemia y reglas claras para evitar accidentes, además del personal operativo de todas las áreas del Ayuntamiento. En lo personal: un aplauso a los de Limpia Pública. Se fletaron! Cuando cada quien cumple su parte, el resultado se nota. Y este Carnaval lo dejó clarísimo.
El Carnaval 2026, edición 102, no solo cumplió: dejó la vara alta. Muy alta. Para el próximo año habrá más tiempo de organización, recursos menos asfixiados y la ventaja de la experiencia reciente. A eso súmele que la mandataria estatal ya lo declaró –sin titubeos– como el mejor Carnaval de México. Traducción política: estará pendiente de que así siga siendo.
Por lo pronto, Veracruz volvió a sonreírle a su fiesta. Y cuando hasta el norte decide portarse bien, algo se está haciendo correctamente.





