Cotorras argentinas constante plaga para la zona conurbada Veracruz-Boca del Río
Boca del Río, Ver.- Las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) que se encuentran a lo largo del bulevar Ruiz Cortines de Boca del Río, se han vuelto una amenaza para otras especies nativas, advirtió el integrante la Asociación Justicia y Conciencia Ciudadana, Carlos Alberto Butrón Valenzuela, quien dijo que este animal exótico invasor, se han convertido en una plaga en Ciudad de México y Puebla.
“Es una especie invasora en nuestro municipio como tal, proviene de Argentina y se ha ido desplazando invadiendo muchos países, una especie tan tropical actualmente ya la podemos encontrar en zonas de invierno, por ejemplo, en Europa, en Rusia”.
Cabe mencionar que la percepción de esta ave en la zona conurbada inició en el 2012, sin embargo, de ese año a la actualidad, han desplazado a las poblaciones de pericos mexicanos.
“Una especie que salió de una zona tropical puede sobrevivir ahora en una zona en donde hay demasiada nieve, más o menos tiene unos 15 años que se empezaron a tomas los primeros registros, al principio pensamos en una liberación irresponsable, sin embargo, las especies se movilizaron a diferentes países incluyendo México”.
Estas aves sudamericanas son territoriales y agresivas y llegan a atacar en bandada a otras especies, también es portadora de enfermedades que afecta a las aves nativas, incluso pueden ser transmitidas al ser humano.
“Esta especie se reproduce casi todo el año y más en la temporada de febrero hasta mayo, llegan a tener hasta seis crías por cada anidación o a veces más dependiendo de la cantidad de alimento y cómo familia entre todos se protegen, si llega a haber algún depredador entre tofos los adultos lo persiguen para ahuyentarlos”.
Cada perico hembra anida comúnmente cuatro veces al año, un número elevado en contraste con lo que ocurre con los nativos en el País que lo hacen una sola ocasión en el mismo periodo.
El impacto ecológico en la zona conurbada es evidente. Las cotorras argentinas han desplazado al perico azteca (Eupsittula nana), una especie endémica de la región.
A diferencia de los pericos aztecas, cachete amarillo o los guayaberos que anidan en cavidades, esta especie invasora construye con ramas sus nidos en árboles o en estructuras hechas por la mano del hombre.
A la fecha, su comercialización en México está prohibida, el biólogo recordó que en caso de tener aves en cautiverio no deben ser liberadas, pues de hacer esto último está tipificado como un delito federal en la Ley General de Vida Silvestre y puede imponerse una pena de 2 a 10 años de prisión, además de una sanción económica.
“Esta especie invasora se encuentra en la zona conurbada, en la avenida Ruiz Cortines en Boca del Río en donde hay mucho tránsito y a ellos no los espanta ni los detiene para continuar su población, sin embargo, las especies locales si buscan zonas más libres de ruido y de la humanidad”.
Además, secan árboles porque sus nidos son muy grandes y llegan a afectar estructuras, “Entonces sí se puede considerar una plaga ante la que no se han tomado acciones para corregir el problema”.
De acuerdo a datos del especialista, estas aves llegaron a México a través del tráfico ilegal de especies. Se cree que algunos ejemplares fueron adquiridos como mascotas en Boca del Río y, posteriormente, liberados o escapados, lo que permitió su establecimiento y rápida expansión en la región.
El crecimiento de la población es tan acelerado que ha observado parvadas de hasta 25 individuos. Su expansión ha sido rápida: desde Boca del Río se han desplazado hacia el puerto de Veracruz, la Riviera Veracruzana, Antón Lizardo en Alvarado y El Tejar en Medellín de Bravo. Incluso se han reportado avistamientos en Tejería, a más de 10 kilómetros de la costa.
Con la finalidad de evitar que se sigan reproduciendo en cantidades importantes, es necesario que las personas quiten los nidos, porque en muchas ocasiones los “protegen” creyendo que es lo correcto.
En otros lugares las autoridades han optado por alimentarlos con insumos que contienen esterilizantes, pero el problema es que lo pueden llegar a consumir otras especies.





