CUATRO POR XALAPA FEDERAL
Salvador Muñoz
Los Políticos
Ahora que Xalapa se quedó con una sola curul federal, uno supondría que la pelea tendría que ponerse buena, competida, con los partidos afilando cuchillos, planchando nombres y midiendo fuerzas… pero no. Del PRI no se oye ni el eco; del PAN, menos; y Movimiento Ciudadano, como que anda viendo si entra al baile o se queda cuidando la mesa de los refrescos.

Donde sí se empieza a escuchar algo es en Morena. Bueno, decir “ruido” quizá sea mucho. Más bien son pasitos, miradas de reojo, saludos prolongados, sonrisas de “yo nomás pasaba por aquí”, pero con la intención bien puesta. En la cancha guinda, por la candidatura a la diputación federal por Xalapa, hasta ahora asoman cuatro figuras: tres mujeres y un varón.
Por aquello de la paridad, empecemos con el varón.
Ahí está Eleazar Guerrero Pérez, actual diputado federal, aunque llegó por la cómoda vía plurinominal. A Eleazar ya lo conocemos: el de Unidos Todos, primo de Ya Saben Quién, operador de aquéllos que no necesitan reflectores porque se mueven mejor entre bambalinas. Hoy algunos lo voltean a ver por una obra que se hizo en Sefiplan cuando fungía como subsecretario de Finanzas y que dejó andada… y que ahora desprende cierto tufillo. Pero no se espanten: hasta donde se sabe, es tufillo de drenaje, aguas negras, acumuladas… el otro, el político-administrativo, todavía no termina de pegar.
Los cercanos al morenismo dicen que Eleazar ya empezó a caminar el distrito. ¿Para qué? Pues para lo que se ofrezca, que en política caminar nunca es ejercicio inocente. Su problema es que carga con negativos: lo ubican dentro del grupo de los cuitlahuistas que, terminado el sexenio, todavía quieren seguir haciendo roncha. Y una cosa es tener estructura; otra, que esa estructura no huela a pasado reciente.
Vamos con las mujeres.
Está Ana Miriam Ferráez, diputada federal uninominal… y a arañazos, porque por poquito y Xalapa amanece con Américo Zúñiga como diputado federal. Ya nos habían contado que la ex legisladora empezaba a recorrer calles, colonias y territorio. Lo que no nos habían dicho era que lo hacía en reversa. Y de ahí ya conocemos la historia.
Ana Miriam es una política polémica en casi todo: en su decir, en su hacer, en su andar y hasta en su conducir. Tiene presencia, sí; tiene nombre, también; pero trae una carga pública complicada. En política, a veces no basta con caminar: hay que procurar no hacerlo con prisa y en reversa.
También está la actual diputada local Dorheny García Cayetano. Puede no ser monedita de oro ni santa de devoción de muchos, pero hay que reconocerle algo: es de las más activas en territorio. Que si torneos de futbol, que si tequios, que si festivales, que si recorridos, que si presencia aquí y allá. Dorheny ya fue diputada federal y entiende que la política de calle no se improvisa, se trabaja. Su detalle, como el de Eleazar, es el padrinazgo político: se le ubica cercana al grupo de Cuitláhuac García, y eso, dependiendo de quién mida, puede ser impulso o lastre.
Y entra también en este grupo la maestra Delia González Cobos, a quien se le nota, sin demasiado esfuerzo, que le gustaría llegar a San Lázaro en nombre de la Cuarta Transformación. Delia lleva rato caminando, saludando, apareciendo, escuchando y tejiendo. Y si bien tiene carrera técnica, también tiene algo que no todos los suspirantes pueden presumir: experiencia en ligas mayores del servicio público.
Delia sabe lo que es la Procuraduría Fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; conoce el funcionamiento del Servicio de Administración Tributaria; pasó en áreas administrativas de la Asamblea Legislativa y también por la Cámara de Diputados federal. Curtida está. No viene de aprender en tutorial de YouTube cómo se prende la luz en San Lázaro.
Además, por ese tramo recorrido en el servicio público, puede decirse que ha tratado de tú a personajes como Cuauhtémoc Cárdenas, Marcelo Ebrard y hasta Andrés Manuel López Obrador, no por selfie oportunista de evento, sino porque su desempeño laboral la acercó a esos niveles donde la política no sólo se presume: se opera.
La diferencia entre estos cuatro perfiles es clara. Eleazar y Dorheny aparecen más vinculados al cuitlahuismo. Ana Miriam pasó del asquito al morenato luego de sus fracasos por el PRD y el PAN. Delia, en cambio, parece apostar por una ruta distinta: experiencia administrativa, trabajo institucional, cercanía histórica con cuadros de peso y una presencia territorial que no necesariamente hace ruido, pero sí deja rastro.
Ahora bien, la competencia por definir candidatura no se agota en Morena. Empieza en el partido, sí, pero termina con el ciudadano. Y ahí está el verdadero examen.
Porque una cosa es ganar una encuesta interna, otra muy distinta convencer a una Xalapa que ya ha visto pasar promesas, improvisaciones, ocurrencias, lealtades de grupo y experimentos políticos con cargo al presupuesto.
Ya son ocho años de Morena en el escenario principal. Y si el partido sigue en la lógica de prueba y error, francamente, ya está cabrón.




