Las congruencias e incongruencias son (in) humanas
No. 1
Guadalupe Guerrero Dávila, Dra.
Quiero a mi hijo y quiero que sea seguro, libre, capaz de tomar sus decisiones y una persona de bien…
Lo mando a la escuela, quiero que saque las mejores calificaciones, le exijo y presiono sin importar lo que vive en su relación con maestros y compañeros, muchos maestros se refieren a los niños y adolescentes como burros, flojos, inútiles, inquietos, groseros. Su autoestima siempre está en jaque, viven en angustia por responder a los reclamos de maestros, compañeros, padres y hasta abuelos, llegando a grados de afección en su vida física y mental.

Los niños y jóvenes viven señalados, acosados, perseguidos, pocos son los maestros, amigos, padres y abuelos que quieren escuchar, pocos los que comprenden que vivimos en un mundo de normas y reglas muchas veces absurdas, entre competencias para ver quién es mejor. Los adultos seguimos las normas y reglas sociales sin cuestionarlas, sin cambiar ante un mundo que nos guste o no ya cambió. ¿Cómo podemos construir un lugar en el que las niñas, niños y adolescentes se sientan seguros, atendidos, libres para pensar, reflexionar y tomar sus propias decisiones pensando en el bien propio y de los demás?, ¿reproduciendo relaciones de poder históricas?, ¿fomentando el miedo, la inseguridad?, ¿propiciando el sometimiento a la injusticia?, ¿cómo ser congruentes con lo que queremos de nuestros hijos?…
Quizá estudiando Los Derechos de las Niñas, los Niños y los Adolescentes que nace para protegerlos de la violencia cotidiana que viven en hogares, escuelas y sociedad, pero como dice Victor Manuel y Ana B.
¿Qué te puedo decir, qué te puedo contar que tu no hayas vivido?.



