PIRATAS DEL PIRATA


Salvador Muñoz
Los Políticos
El pitazo no fue para anunciar el regreso del balompié en Veracruz… fue para el dueño del equipo.
El proyecto deportivo de Piratas FC pinta(ba) bien, no sólo en función del espectáculo, el deporte y la identidad, sino también por la formación de una cantera y las visorías que, al menos en Poza Rica, ya se estaban realizando, pero…
Resulta que otro pitazo, ahora a los medios, pone a José Carlos Vives Gómez, propietario de Piratas FC, dentro de una carpeta de investigación de la Fiscalía General de la República por presuntas operaciones con recursos de procedencia ilícita.
El debut contra la Jaiba Brava allá en Tampico, esperemos, no afecte el ánimo de los jugadores ni el de una incipiente afición que añora al Tiburón y quiere apostarle a tener alma de pirata.
Vale la precisión: una carpeta de investigación no es una sentencia ni convierte automáticamente a nadie en culpable. Será la FGR la que determine si existen elementos para avanzar o si todo queda en señalamientos. Hasta entonces, presunción de inocencia.
Pero una cosa es la responsabilidad penal y otra la responsabilidad política, administrativa y deportiva.
Porque mientras Piratas FC hacía visorías para descubrir jóvenes talentos, alguien debió realizar las visorías del inversionista.
¿Quién revisó sus antecedentes empresariales? ¿Quién verificó la procedencia y solidez del capital? ¿Quién estudió la estructura corporativa que operaría el club? ¿Qué filtros aplicaron quienes permitieron que el proyecto se vinculara con un inmueble público tan importante como el estadio Luis “Pirata” Fuente?
No se trata de condenar anticipadamente a José Carlos Vives Gómez. Se trata de saber si las autoridades hicieron la tarea antes de entregar confianza, estadio, reflector y una afición urgida de volver a creer.
Porque el aficionado no tiene por qué convertirse en auditor, agente del Ministerio Público o investigador financiero para comprar un boleto. Su obligación es apoyar, gritar, sufrir y reclamarle al árbitro hasta los saques de banda. La obligación de revisar quién sube al barco corresponde a quienes autorizaron la travesía.
Veracruz ya tiene experiencia en proyectos futbolísticos que comienzan con discursos grandilocuentes, estadios llenos y promesas de gloria, pero terminan con pleitos en los tribunales, deudas, desafiliaciones y una afición nuevamente abandonada en la tribuna.
Por eso esta vez no basta con decir que el balón debe seguir rodando.
Los jugadores tienen derecho a concentrarse en la cancha; la afición, a ilusionarse; pero el Gobierno y las autoridades deportivas deben explicar qué revisaron, cuándo lo revisaron y por qué las alarmas aparecieron después de que el barco ya había zarpado.
El sábado habrá partido contra la Jaiba Brava. Ojalá Piratas FC debute con el pie derecho.
Porque sería demasiado cruel que el equipo ganara puntos en la cancha… mientras su directiva los pierde en la carpeta de investigación.
El primer pitazo debía ser deportivo. Terminó siendo ministerial.

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